miércoles 11 de noviembre de 2009

EDITORIAL

WELLES... LA LEYENDA

La deuda que la historia del cine ha contraído con Orson Welles no es sólo la de una pasión contagiosa y desgarradora sino que también es, por encima de todo, el ejemplo riguroso y todavía actual de un autor que supo medirse con el universo de los medios, que luchó (aunque no siempre venció) contra las tentaciones del éxito y del poder, y que reflexionó con gran lucidez sobre el papel que ha de cumplir una persona intelectual.

Sin embargo, esta grandeza a menudo ha estado a punto de convertirse en un gran obstáculo para la justa apreciación de su valor. ¿Cómo podemos hablar de un cineasta tan "abrumador" como Orson Welles, al que una interpretación tan acreditada como errónea en algunas ocasiones se ha descrito como "autodestructor"? ¿Cómo no sentirnos aplastados por todo cuanto se ha dicho sobre Orson Welles y evitar utilizarlo para afirmar sus propias ideas?

Sin embargo, el propio Welles contribuyó a borrar las pistas, él, que quiso comenzar y finalizar su carrera con dos películas de temática similar y estructura narrativa casi idénticas, confiriendo espacio a más voces, confrontando diferentes ideas e hipótesis, en una trayectoria a veces antitética. Como lo es el andamiaje de "Ciudadano Kane" y como habría debido serlo el de "The Other Side of the Wind", reflexión necesariamente teñida de autobiografía sobre los últimos días en la vida del cineasta de Hollywood Jake Hannaford. Esto prácticamente confirmaría que no existe una sola verdad, una única interpretación, una única voz, y lo que no es verdad para sus filmes tampoco puedo serlo para su carrera, lo que no significa que no podamos afrontar o analizar la vida y obra de Orson Welles, sino que hemos de ser muy conscientes de que, en esta tarea, la ambigüedad y la contradicción serán compañeros de viaje de esta leyenda del cine.

CONTINÚA en la sección: "WELLES... LA LEYENDA".

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